Estamos fallando

Robert Enke, se suicidó el 10 de noviembre pasado

“¿En que estamos fallando, para que un hombre como él, pensara que no había mejor alivio que la muerte?”, se preguntó Theo Zwanziger, Presidente de la Federación Alemana de Futbol, luego del suicidio de Robert Enke, hace un par de semanas. La pregunta se podría extender hasta nuestro país, y cuestionarnos en qué nos equivocamos, para que un ídolo de la magnitud de Ariel Ortega descargue sus angustias con alcohol y llore cuando está solo, tal como lo contara días atrás en la nota que salió en Olé.

Afortunadamente el caso de Ortega no reviste, por ahora, la gravedad de lo que ocurriera con el arquero de la Selección alemana, pero sin dudas es tiempo que alguien se pregunte en que está fallando el ambiente futbolístico para permitir esto. Por supuesto que Ariel no es el primero en caer en una depresión profunda, sino es cuestión de abrir los libros de historia del fútbol argentino para ver como futbolistas, comidos por la vorágine del medio, se han visto en situaciones similares a las del volante de River o el arquero alemán: los que vemos fútbol y disfrutamos de él, cuando nos enteramos la noticia de Enke recordamos con tristeza lo que ocurriera con Mirko Saric o Sergio Schulmeister años atrás. O incluso con el propio Fabián Madorrán, que siendo árbitro, las presiones personales y profesionales lo llevaron a quitarse la vida.

Ortega necesita ayuda (Foto: Olé)

¿Por qué, aquellos que están inmersos en el ambiente del fútbol, no tienen la contención necesaria? ¿Por qué, un deporte como el fútbol, que es divertimento para millones se transforma en sufrimiento para algunos? ¿Por qué tratamos a los futbolistas (y a los deportistas en general) como si fueran maquinas de generar ingresos, victorias y alegrías, pero no nos importa si lloran a escondidas antes de salir a la cancha? El ambiente del deporte en general no está hecho para los débiles dirán algunos, a pesar que esos débiles sean seres humanos que, como cualquiera de nosotros, viaja de la alegría a la tristeza de acuerdo a las circunstancias.

Muchos clubes, desde hace un tiempo atrás, invierten en psicólogos para manejar los egos dentro de un plantel, pero poco hacen para ayudar a tipos como Ortega. Eso sí, todos tienen la solución para estos casos y no se cansan de decirlo en cuanto medio de comunicación ofrece su micrófono. Es verdad que de la depresión sólo se sale si el que la padece se deja ayudar, pero las soluciones mágicas tampoco son la salida.

Afecto, contención, estabilidad emocional, tranquilidad personal, son palabras que pocas veces se escuchan en un vestuario, y hace que la lista de deportistas que sufren depresiones por los apremios que el trabajo que ellos eligieron para vivir les genera, se llena cada día más. Y muchas veces no alcanza con una familia amorosa atrás, sino que necesitan ser acogidos por el propio medio para salir adelante.

La lista de futbolistas que se quitaron la vida es larga y las declaraciones de Ortega son un llamado de atención, que viene retumbando desde hace varios años.

Es hora de dejar de fallarles a ellos.

Link Recomendado

El miedo del arquero, columna de Ezequiel Fernandez Moores, publicada en Cancha Llena hoy

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