Banderas en tu corazon

Las imágnes valen más que cualquier palabra.

Via Vale Chumbar

Ajo y agua

La sacaste barata al lado de Passarella

Patética y Humillante es la cara que muestran los dos ¿más grandes? del Futbol Argentino. Patético este Boca, que sólo ganó dos partidos en todo el torneo, que tiene un entrenador que por la boca muere, una dirigencia con más avaricia que amor por su club y un plantel que se cree por encima de la Institución. Humillante River, que al finalizar el presente torneo, comenzará oficialmente a pelear contra el descenso, con una Comisión Directiva nueva, tratando de abrirse paso entre las deudas. ¿Responsables? Muchos. Hoy ambos clubes están pagando los pecados cometidos años anteriores.

Boca ha venido barranca abajo desde la salida de Mauricio Macri como presidente (o era un buen administrador o un oportunista que salto del barco justo a tiempo). Una serie de decisiones que hoy en día se pueden ver como desafortunadas, llevaron al club hasta el lugar que ocupa hoy en día. Desde la contratación de Riquelme, que a la larga fue un mal negocio, lo mismo que la llegada de Carlos Bianchi como Manager, que sólo hizo aumentar los resquemores entre los dirigentes y los entrenadores de turno, hasta la decisión de darle 6 meses a Alves a cargo del plantel para depurarlo. Los dirigentes aprovechan cualquier nombre para ensalzarse en una pelea entre bandos (Bianchistas, Riquelmistas, Palermistas, etc.). Siempre hay un buen motivo para que la Comisión Directiva de Boca sea un cabaret.

Y si, los hinchas estan calientes

¿Y que se puede decir de River? Daniel Passarella, siente en carne propia eso de “la pesada herencia”. Un club en ruinas, pero con un museo hermoso (?). Las deudas son millonarias y creo que ni el más pesimista dentro del equipo del nuevo presidente se imaginaba encontrarse con el club en ese estado: cheques ya cobrados, deudas con los empleados del club, vencimientos de deudas impagables y un largo etc. Aguilar, Israel y compañía literalmente vaciaron el club y lo dejaron prácticamente quebrado, con un plantel, realmente digno de un equipo de la B: en los últimos años, River compro jugadores que en su vida se imaginaron vestir la banda. Ni ellos ni los hinchas. A tal punto lo simpatizantes millonarios estaban necesitados de alegrías, que abrazaron al primer Ogroidolo de barro que tuvieron a mano. Y así les fue, River salió último y hoy esta a un pasito de pelear por el descenso.

Riquelme, Palermo, Ibarra, Almeyda, Gallardo, Ortega, ídolos que ya están de vuelta, pero que parecen no tener reemplazante: nadie se hace cargo (ni quiere) de este presente, nadie agarra la bandera que dejaron estas viejas glorias y el pone el pecho, nadie se juega (ni juega). Y así están ambos, con una guerra Palermo-Riquelme ya insoportable que tendrá seguramente su punto más alto si el Melli Barros Schelotto decide ser el entrenador Xeneize y Romaaaan es invitado a retirarse. O tal vez Ortega, con todos sus demonios siga apareciendo partido tras partido como la única salvación de un River que ya se hundió hace mucho tiempo y tendrá que aprender, en forma práctica y expedita a dividir por tres.

¿Cual es el menos malo?

Soluciones rápidas no hay, y estas son tal vez las responsables del presente de los primos. La sangre llegó al río y los hinchas, enfurecidos, exigen cambios que ningún dirigente ni entrenador se anima a realizar. Pero ha llegado la hora de pagar por lo que han hecho. Y el día de mañana, cuando todo esto haya quedado en un mal recuerdo (porque así pasará, ¿o ustedes creen que River va a descender?), dirigentes, jugadores e hinchas, piensen que las malas decisiones siempre se ven largo plazo.

Y si no, ajo y agua…

Ni muy muy, ni tan tan

El Pitbull festeja

Boca le ganó a River, en un partido donde más que merecimientos, fue un duelo de a ver quién era el peor del semestre. Un partido, donde los nombres que sobresalieron y se destacaron, aparte del sorpresivo goleador, fueron los de la experiencia: los Gallardo, los Almeyda y los Riquelme, se encargaron de poner futbol y orden al estado de caos con que se encontraban los dos equipos. Y en la recta, donde estaban cabeza a cabeza, la diferencia la sacó el Xeneize, que renovó (por obligación) casi toda la línea defensiva y (por necesidad futbolística) el mediocampo.

Pero no hay que ser necios. Lo de Boca, si bien superior a River, no fue un dechado de virtudes. Boca tuvo más actitud y conoció sus limitaciones: la novata saga central Xeneize, compuesta por el debutante Bonilla y el siempre criticable Luiz Alberto, sabe que lo suyo no es tener la pelota en los pies, entonces, cuando en la primera que trataron de salir jugando (el colombiano) y se la dejaron mansita a Gallardo, empezaron a revolear todo lo que recibían. A parir de allí, toda pelota boyando en la zona de la medialuna del área defendida por García terminaba en el palco, o en la segunda bandeja. Así y todo, con muy poco, River se encargó de dejar a Funes Mori dos veces mano a mano con el arquero de Boca, donde el delantero millonario hizo, en ambas situaciones, la más difícil: dársela en las manos a García.

En la mitad de la cancha estuvo la diferencia más grande: Medel, Méndez y Giménez, fueron más que Ahumada, Almeyda y Rojas. Dos goles para ser exactos. Los tres medios de Boca corrieron todas las pelotas y se jugaron la vida en cada una (a Medel lo terminaron expulsando y Méndez fue amonestado) y el chileno terminó siendo el sorpresivo goleador de la tarde. Del otro lado, Almeyda, si bien sigue siendo lo mejor del medio de River, no fue el mismo del Superclásico pasado (tampoco estuvo en la misma posición) y ni el, ni Ahumada, pudieron contener a un Riquelme que se canso de manejar los tiempos del partido.

Las cargadas no se hicieron esperar

Y si Boca lo ganó es también responsabilidad de River, que en el primer gol, al margen del centro de Riquelme (¿avivada o pifia?), hicieron todos un nonito importante que dejó a Medel solo. El segundo es para poner en un cuadro, aunque queda claro que la corrida de Monzón (venía corriendo desde el Hospital Argerich), y el amague de Gaitán dentro del área, se lo pueden hacer nada más que a la defensa de River, que es un canto a la falta de reacción.

¿Pudo ganarlo River? No. Daba la impresión que si hubieran jugado dos horas más River no hubiera hecho mella en el arco de García. Funes Mori jugó descalzo y Canales no la toco en todo el match. ¿Tan superior fue Boca? No, en todo caso River fue inferior, pero este Boca no puede ser superior a nada. Con un poco de actitud le alcanzó para ganar a River, pero jugando así, un Estudiantes por decir algún equipo, lo pasa por arriba. ¿Fue merecida la victoria Xeneize? Si, por supuesto. En parte por la actitud y orden que mostró Boca, y en parte por lo inofensivo del ataque e inocente de la defensa de River, pero desde ya no quier decir que haya jugado bien. Ninguno de los dos lo hizo.

Terminal

Unos esperaron su oportunidad, otros tienen sus días contados

El presente de Boca es nefasto: el peor arranque de torneo de su historia, un plantel quebrado, una dirigencia también partida, un técnico que habla y habla. De ser el gran equipo de principios de la década, donde todos se subían al carro de los triunfos Made in Bianchi, hasta este presente negro, donde todos están autorizados para destruir la figura de Boca Juniors.

¿Pero donde nacen los problemas del Xeneize? Boca hoy tiene problemas en todas sus líneas: en lo dirigencial y en lo deportivo. En la Comisión, donde todos han armado camarilla con todos, un presidente sin poder, que llego a ese cargo por azar, luego de la muerte de Pompilio. La llegada de Bianchi como manager terminó de fracturar a la dirigencia entre los que estaban a favor y defendían al Virrey a ultranza y aquellos que estaban en contra de técnico en ese puesto, y que aprovechaban para defenestrarlo y discutir todas las decisiones. Las pintadas días atrás contra London, más bianchista que Bianchi y uno de los más odiados, fueron el ejemplo de las internas dirigenciales, quienes dejaron demostrado que no les temblará el pulso para hacer uso de sus brazos armados (las barras) para poder dirimir esta situación. Mientras tanto, si bien el presidente Ameal lo desmiente cada vez que puede, la situación económica del Xeneize no es la mejor: lejos quedaron las épocas de vacas gordas de Macri, donde desde Boca se vanagloriaban de ser un equipo modelo. Hoy la caja es realmente chica debido, principalmente a algunos grandes salarios que se perciben en el plantel.

Que salida te van a dar si perdés con River...

En cuanto lo deportivo, como muestra hace falta un botón: el partido con Vélez (4-4) de semanas atrás es un claro ejemplo del funesto presente futbolístico de Boca. De la mitad de cancha para adelante es un peligro constante del cual ningún equipo se puede descuidar, si bien le llegan pocas pelotas claras a Palermo, las pocas que tiene las mete. Y lo mismo pasa con Gaitán, que como extremo (¿el único acierto de Basile en su segunda estadía?) desborda y vuelve loca a toda la defensa. Pero en el fondo las cosas no son tan buenas. El fondo de Boca apesta. Con perdón de las damas, pero no encontré otro adjetivo para ponerle. Sin ritmo, sin sincronía, salen en cualquier momento y de cualquier manera. Podríamos numerar un listado enorme de goles donde la defensa fracasa miserablemnte n su intento por rearmarse ante un contraataque rápido, por dar solo un ejemplo. Desde varios lugares quisieron poner a Ibarra y Abbondanzieri como principales responsables, y los mandaron al cadalso. Pero no hicieron lo mismo con los que decidieron vender a mediados de 2009 a Forlín y entregar a préstamo a Roncaglia. Paletta empezó a comer banco mientras alternaba con algunas lesiones. Se deshicieron de Cáceres, de flojo desempeño, pero trajeron al brasileño Luiz Alberto, zaguero de 32 años, lento para reaccionar, pero rápido para mandar en cana a sus compañeros en todas las jugadas en las que pierde (que, valga la redundancia, son todas). El arquerito García de a poco se ha ido rendimiento de su flojo rendimiento cuando tuvo que reemplazar a Caranta en 2008, pero ¿Qué chances hay que García tenga la 1 durante el torneo? Será decisión de la dirigencia y el entrenador, quien desde ya, no continuará después del mundial, a la eterna espera por la llegada de Carlos Bianchi, si es que tiene ganas.

Mientras tanto, Alves no cumple una buena labor, salvo por lograr las salidas de Abbondanzieri y Cáceres. No supo por el momento, manejar un plantel lleno de egos y su primera experiencia como DT, será recordada siempre como un nuevo interinato antes de la llegada del Virrey, o del que sea. Y por sus declaraciones sobre los jugadores, buscando ese golpe de efecto sobre el propio plantel, en busca de un amor propio que lejos está de aparecer de esa manera. Ah, y por su mujer exigiendo a los medios que Boca le de la oportunidad de dirigir la primera división.

El domingo Boca recibirá a River en una nueva edición del Superclásico. El millonario no está mucho mejor, pero de a poco está tratando de salir de una crisis muy similar a la que vive el Xeneize en este momento. Pero el fútbol es la dinámica de lo impensado y cualquier cosa puede ocurrir en el terreno de juego. Aunque sabemos que si Boca pierde, las cartas estarán echadas para unos cuantos…

Se fue un remador

Cuando Don Antonio asumió como presidente de Boca, el club estaba en uno de los pozos más oscuros de su historia: la Bombonera se encontraba clausurada por peligro de derrumbe, todos los días se iniciaban juicios contra la institución y los hinchas empezaban a mirar de reojo el promedio de descenso, que comenzaba a amenazar. El hecho de pintar los números de las camisetas con un fibrón, era el claro ejemplo de la situación penosa del club.

Como si fuera poco, en 1984, Boca se presentó en convocatoria de acreedores, cuyo acuerdo debía cumplirse a partir de 1986. Entonces, la Comisión, comandada por Alegre y Heller, decidió comenzar por el saneamiento del club. Con buenas decisiones y voluntad y trabajo, en el plazo establecido pudo salir adelante con el oficio. Y lograron enderezar una nave, que parecía destinada al naufragio.

En cuanto a lo deportivo, el mejor momento fue durante finales de la década del ’80, años durante los cuales, Boca volvió a los primeros planos, pero esta vez por sus logros deportivos. El derrotero arrancaría en 1989, con la obtención de la Supercopa, y luego llegarían la Recopa, la Copa de Oro y la Nicolás Leoz, a nivel internacional, y el Clausura ’91 y Apertura ’92, a nivel Local.

Luego de esta última obtención, ya comenzaría el desgaste de Alegre, que, recién en 1995, perdería sus primeras elecciones a manos de Mauricio Macri, que se encargaría de explotar la marca Boca en distintos lugares del mundo, iniciando una de las épocas más gloriosas en la historia del club.

Pero nada de esto hubiera sido posible sin los 10 años de mandato de Antonio Alegre, que tuvo errores como cualquiera, pero que merece el reconocimiento y el agradecimiento de los hinchas xeneizes, por su vocación, ganas y esfuerzos, para sacar adelanta al club de sus amores.

Lamentablemente se nos fue Antonio Alegre, un verdadero remador.

Se fue el Pato

“No merecía una salida así en lo personal. Cuando volví pensé en ganar más títulos, en jugar muchos más torneos, aunque igual no fracasé. Me salió mal, pero bueno. Si Boca tiene un gran ídolo que se llama Barros Schelotto y se fue como se fue…, ¿qué puedo decir yo? Pero no lo digo atacando a ningún dirigente, a nadie. Me da bronca la situación, pero la vida del futbolista es así. Lo más lindo es retirarse como Fillol, atajando un penal y siendo figura, pero en algún momento se tenía que dar”

“Quiero llegar a la final de la Copa Libertadores con el Inter y después del Mundial haré fuerza para tener de compañero a Martín Palermo”

Con estas palabras, Roberto Abbondanzieri finalizó su segundo ciclo en Boca. Una segunda estapa que estuvo plagada de críticas (algunas con motivo y otras pour la gallerie) y lo tuvo simpre en el ojo de la tormenta del flojo rendimiento de Boca.

Se va uno de los jugadores más ganadores de la historia del Xeneize, con 14 títulos y 345 partidos jugados, que a partir de las próximas semanas estará vistiendo los colores del Inter de Porto Alegre, dirigido por el uruguayo Jorgé Fosatti, en una operación que rondará el medio millón de dólares.

Triste final para demostrar, una vez más, que las segundas partes no siempre son buenas.

La carta de despedida de Carlos Bianchi

Buenos Aires 26 de enero de 2010

A los hinchas de Boca les agradezco todo el apoyo que me brindaron en mi gestión como director deportivo donde trate de aportar un plus pero los resultados no acompañaron

Por tal motivo doy un paso al costado para dejar a los dirigentes que siempre confiaron en mi poder llevar adelante su gestión sin problema alguno.

No descarto volver a trabajar algún día en Boca Juniors y lo haría con mucho placer con aquellos dirigentes que suman y no con los que restan.

Igualmente los momentos que he vivido los llevare siempre conmigo

Le deseo lo mejor a este GRAN CLUB.

Carlos Bianchi

[via Site Oficial de Boca Juniors]